Este interés fue declinando al inicio de mi adolescencia para volver con gran arraigo en esta nueva etapa de mi vida que algunos llamarían juventud.
Pero no me embarqué en esta nueva entrada de blog a altas horas de la madrugada para hablar de mí, sino para hablar de la escritura.
Escribir purifica, limpia conciencias, aclara ideas, sana heridas o en su defecto las canaliza en forma de texto, lo que permite una comprensión más exacta de lo que nos sucede. Produce una fuerte relajación y sensación de placer.
Nos transporta a nuevos mundos, donde la magia, los elfos o las distopias abundan.
También nos ayuda a expresarnos, o acaso un simpático pajarito azul se transformó en actor principal de nuestra sociedad por meras casualidades?
No se puede negar, la escritura fue, es y será por siempre una parte inseparable del ser humano, que siente, razona, ama, odia y describe el mundo según sus propias percepciones.
Escribir es universal, no hace falta ser un escritor experto, tener la imaginación de J K Rowling o el suspenso de Stephen King, no hace falta ser un graduado con honores de alguna casa de altos estudios. Nada de eso, solo hace falta voluntad, así como lo oyen.
Simplemente debemos ser capaces de tomar todas esa ideas que sobrevuelan nuestra cabeza gran parte del día para dotarlas de cohesión y coherencia, que finalmente pasaremos a texto.
Si leíste esto, tengo algo para proponerte. En cualquier momento, agarra un lápiz y papel, tablet, notebook, celular o lo que fuere y trata de escribir una oración o párrafo con el mayor esmero posible. Ahora te desafío a que puedas detenerte.
- J